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viernes, 6 de junio de 2008

Insomnia (Texto Cinéfilo)

Erik Skjoldbjærg. Noruega. 1997. 97 min.

Por: Juan David Escobar.


Hay que estar lo bastante alejado de algo para entenderlo. Hay que estar lo suficientemente harto de una cosa para llevársela a todos lados. No querer, o estar cansado. Mirar a otra parte, cerrar los ojos, imaginarse, soñar con algo, alucinar todo el tiempo. Lo que sea para no mirar todos los días el reloj verde que está sobre el televisor y que marca las 7:10 de la mañana.

“... Cuando has traspasado la raya. ¿Qué pasa aquí? (se toca la sien con el dedo índice).
La ficción se hace muy aburrida. Cuando tienes todas las piezas, todo cuadra, no falta nada.
Tienes el control total. Todo el control. Todo es pura matemática.
Pero es imposible calcularlo”. Insomnia.

Por lo menos yo quiero sentir qué es apuñalar. A veces agarro el cuchillo y hago figuras en el aire, me lo paso de mano en mano. Me detengo. Ya soy otra persona, lo sé por el silencio; y me imagino enterrándolo en alguien. De por sí a los que apuñalo hasta la furia son personas que odio, o me odian, al cabo es igual. Pienso que debo verme ridículo, y entiendo que algo tengo, no sé si ganas de apuñalear a alguien. Y pienso por qué la soledad es tan malvada, por qué lo enloquece de a poco y, sobre todo, esa angustia de saber siempre lo que se esta haciendo, de entender tanto, de tener conciencia. Entonces uno se enfría; ya no le dice feliz cumpleaños a la mamá, ya no le importa esa figura que se ve en el espejo, ya no se levanta la cabeza. Es como si no sintiera nada.

Aún prefiero dormir que estar despierto. Quizá por el no recuerdo, quizá por no estar despierto.

Se vive este día para poder soportar el otro. Se vive en un monólogo interno, que se interrumpe de vez en cuando para abrirse paso y salir de la buseta o para explicarle al hermano menor que no es la misma vaina un Green que un Green Light.

Frío, frío todo el tiempo; tan frío que es absurdo y da miedo. Y por frío que seas, el miedo te obliga a estar despierto. Con frialdad, sobre todo con frialdad para mirar a los ojos y llorar cuando se está riendo.


Original en Pulmovies.org

martes, 3 de junio de 2008

Un banco en el parque (Texto Cinéfilo)

Dirección: Agustí Vila. España. 1999. 77 min.

Por: Juan David Escobar.



"No escogí este sitio. Estar aquí es simplemente el encuentro entre cansancio y tristeza." Carlos Sánchez Ocampo (El contrasueño).

Cuando me siento solo, salgo a dar un paseo. Debo escuchar, tan siquiera, unos pocos sonidos humanos. Solamente camino. No hablo. Aclaro que no hablo solo. Pienso un poco, tal vez, pero no hablo solo. Jamás. Es verdad que busco los parques. Es verdad que me gustan las bancas. Me inclino más por las bancas que por los bares, que por los cines, que por los viajes, que por las compras. Llego al parque. Alguien preguntará: - ¿Qué hago? - Nada. Bueno, pienso. Y después preguntará: - ¿Que piensas? Simplemente respondo: - Nada. A eso voy al parque. A la banca. A huir de la gente. Porque me encuentro en casa, solo, como las actrices de la película: sin miedo a los accidentes, feliz y cansado (porque cansa, estar solo cansa). Estoy en la habitación. Atado de pies y manos a mi cama. Antes aguantaba esa actitud perdedora, ahora no. Me desespero y me deprimo (esta palabra creí, te lo juro, creí nunca usarla). Mejor salgo al parque, me digo. A no pensar. A esperar que por una esquina, o por la iglesia, salga mí entierro. En él habrá poca gente. Y por arte de magia, empezará a lloviznar a medida que el grupito avance. A despegarse del cielo esas góticas minúsculas dejando el cielo gris, bañando el mundo de gris, las personas de gris, los tristes chicos pálidos grises acostados escuchando música gris, y llorando lagrimas blancas. Y lloverá, y habrá poca gente, y me iré para siempre en mi entierro. Sólo observo. Me acomodo, saco un cigarro, y me lo fumo. - ¿Y los niños? - Ellos no molestan, le dan vida al parque, hacen ruido. Y si ellos no me molestan, yo no los molesto, y ya está. Porque dime ¿Quién iría a un parque muerto? Yo no, por supuesto. Un banco en el parque. Suave, tranquila, esperando a los actores un poco. Una película sin ansiedad. De eso se trata un banco en el parque: De la ansiedad. Ansiedad por hablar con alguien, ansiedad de amor, ansiedad de una espera, ansiedad por la soledad. Simplemente las ganas de abandonar la soledad. De la mejor forma, digo yo: en una banca, de un parque. Donde la vida obtiene lentitud. Donde todo lo que veo se parece a algo, un deja vú infinito (¡Demonios, tendré que dejar de mirar al suelo!). Un banco en el parque, sin ansiedad. Una espera paciente para que pase algo. Una cita diaria retando al azar. Una búsqueda de algo. Eso es. Una búsqueda de alguien.

viernes, 30 de mayo de 2008

Rosetta. (Texto Cinéfilo)

Dirigida por Luc y Jean Pierre Dardenne
Bélgica. Francia. 1999. 95 min. Por: Juan David Escobar


Rosetta, buenas noches


"Nada va bien, pero así es como va."
Ray Loriga.

- Tu nombre es Rosetta.
- Mi nombre es Rosetta

Es bueno recordarse uno mismo para no olvidarse. Recordar su nombre. Recordar que está vivo, que mañana es otro día y todo va estar bien. Esto me hace pensar en mis cumpleaños, cuando estaba solo y tirado en la cama y comenzaba a cantar: cumpleaños feliz, me deseo a mí, cumpleaños cumpleaños cumpleaños feliz... ¿Cómo será un cumpleaños de Rosetta? ¿Sabrá
cuántos años tiene? ¿Sabrá que día nació? Yo creo que no. Y es mejor así. No saber nada de esas pendejadas. Rosetta nunca supo que a los quince años se convertiría en mujer. Ella siempre ha sido una mujer. Sabe que se llama Rosetta y punto. Lo demás sobra. Lo demás es literatura. Porque ella es Rosetta, ella que corre para todos lados y nunca para. Ella que me da angustia. Rosetta me da física angustia. Y seguro, seguro que cada vez que recuerde o escuche el nombre Rosetta me
va a dar angustia y tendré dificultad para respirar y no sabré si correr o quedarme quieto, si alegrarme o deprimirme, si enojarme o compadecerme. Rosetta es ella, nadie más en el mundo que ella. Porque Rosetta no es un personaje de los hermanos Dardenne. Es una persona de carne y hueso que en este momento debe estar corriendo en algún lugar de Bruselas, Flandes o quien sabe, en cualquier lugar de Bélgica. Sí, tu nombre es Rosetta. Te llamas Rosetta.

- Has conseguido un amigo.
- He conseguido un amigo

Conozco personas que salen a la casa en busca de amigos. A eso de las cuatro de la tarde caminan por todo el centro de la ciudad como cuando uno busca algo de valor en el piso. Pero ellos lo buscan en los ojos. Yo varias veces intenté encontrar amigos en la calle, pero lo que pasa es que soy muy distraído y sobre todo muy tímido. Entonces tuve que desistir. Tener un amigo es bueno. Sin duda, tener un amigo es muy bueno. Uno corre el riesgo de estar sentado por ahí, en cualquier parte y encontrarse ese amigo que de pronto, quien sabe, pueda acompañarlo varios minutos en el pozo donde uno se encuentra, y hablar de cine, por ejemplo, o del último libro que descubrió en tal biblioteca, y con eso, con tan sólo unos minutos de una voz amiga o de un rostro conocido se puede llegar a salvar el día. Para mí un amigo es quien se sepa mi nombre y tal vez mi número de teléfono, quien me aguante por una o dos horas al lado de él y con quien se pueda establecer una conversación más extensa del hola, qué más y qué has hecho. A lo último Rosetta necesita menos que esto. Necesita alguien que se sepa su nombre solamente. El resto para ella es incomodidad. O no, para ella, tener un amigo, es una incomodidad. O tener a Rosetta como amiga es una incomodidad y un peligro. Pero yo me equivoco al decir que tener a Rosetta, a ella no la tiene nadie. Ella se basta sola. No necesita amigos. Ella es Rosetta y punto.

- Ya tienes un trabajo.
- Ya tengo un trabajo.

Trabajar es bien. Bueno, no tan bien. No es tan bacano. Uno trabaja por necesidad, porque le toca. Sinceramente a mí no me ha tocado, pero me va a tocar. Estoy pensando en salir así como sale Rosetta y le dice al jefe de cualquier lugar: ¿tiene trabajo para mí? Necesito trabajo. Pero creo que no soy capaz. Yo soy muy inepto para eso. Para hablarle a la gente, para comunicarme con la gente. Saldré mejor y pediré limosna. Corrijo, pedir no es la palabra. Estiraré la mano para que la gente me dé plata. No, saldré a la calle a buscar empleo. Buscaré un trabajo normal. Me acostumbraré al horario. Me levantaré temprano. Viviré en el campo. Trabajaré hasta las seis pm. llegaré a casa y me comeré un huevo cocido. Y ya. Supongo que eso lo hace feliz a uno. Porque la única sonrisa que le vi a Rosetta fue cuando atendía un cliente en la caseta de waffles. Debe ser porque uno ya no piensa en esas cosas que piensa cuando no hace nada, cuando la única ocupación que tiene es pensar. Y si Rosetta es feliz trabajando debe ser porque es bueno. Y yo a Rosetta le creo. Quiero trabajar. Hago lo que sea por un trabajo.

- Tienes una vida normal.
- Tengo una vida normal.

La vida duele. ¿Cierto? A mí me duele. Es como un vacío todo rico abajo del estómago. Que se coloca ahí a veces días enteros. Es como una aguja, como un chuzón de una aguja que le recuerda a uno que está vivo. Tal vez a Rosetta le duele la vida. O tal vez la menstruación. O una enfermedad. No. Prefiero creer que es la vida. Que es vivir lo que le duele. Porque la vida es dura. Mejor, en pregunta: ¿por qué la vida es dura? Por qué uno se tiene que recordar con palabras cómo se llama: porque la gente ya lo olvidó o porque nunca lo supo. Por qué uno tiene que ser grande cuando apenas es un niño: porque tuvo que estar en una esquina bebiendo o en una habitación leyendo Nietzche, cundo debía estar jugando. Por qué uno nunca tuvo amigos: porque uno no sabía bailar o porque se mantenía solo todo el tiempo. Por qué nunca trabajó: porque ya a los veinte años uno se siente agotado y derrotado, porque ahora no es capaz de dar ni tres pasos... ay, Caicedo
Ahora que tengo una vida normal. Que tengo amigos. Que no me siento tan inútil como antes. Que es fácil recordar mi nombre. Ahora sé que cuando me dé ese vacío rico abajito en el estómago intentaré quitármelo. Quién sabe, puede funcionar, dándome calor para un secador para cabello. Y todo estará bien.

- Buenas noches.
- Buenas noches, bebé.

martes, 27 de mayo de 2008

TAPE: ...UNA PELICULA. Richard Linklater. (Texto Cinefilo)

TAPE:
...UNA PELICULA.
"Para la timidez, la autodestrucción."
Andrés Caicedo.

Una habitación...
De nuevo en tierra, con los ojos a la altura de mis ojos. De nuevo en mi habitación (la más triste del mundo). Solo; sentado en cualquier rincón, esperando el inicio de la película. La única que me puede salvar el día, -y, a la vez- la única que me puede quitar esta estúpida sonrisa que tengo en mi rostro. Porque cada película tiene algo de mágico, o algo de patético -o, mejor aún- de las dos. ¿Y Tape? No lo sé. Pero sin lugar a dudas, me quita mi estúpida sonrisa.
Ahora que los créditos finales han desaparecido, marcando así la duración real de la Cinta. Ahora sí. Me encuentro totalmente solo.

Una cámara...
Reconozco. Debo ser sincero, aunque sea por este instante. Que amo esos pequeños (y sutiles) movimientos. Es el pulso. Su respiración. La incomodidad. Su cansancio. Quienes le dan vida a los encuadres; que al fin de todo es nuestra mirada. Hacé de cuenta que vos estuvieras corriendo por toda la habitación de ese hotel de mala muerte. Mirando a los personajes desde cada rincón; en el suelo. En la cama. En el baño, mientras Vince se da un pase. Ahora tocan la puerta. Corré rápido, no te puedes perder nada. Tú eres la acción. Porque solo tenemos: una habitación, y dos personajes. Pero tienes que tener en cuenta, nene, que no es sólo mirar desde donde nadie miraría. Es algo más complicado; pues tienes que darle más vida a la mirada. Y volverla menos mecánica.
-No. No puedes descansar, ni estar cómodo. Eso es igual que poner un trípode. Sí, ya sé que hacer esos barridos te marean un poco. Pero lo estás haciendo muy bien.
¿Ya entiendes por qué me gustan esos pequeños, y sutiles, movimientos? ¿Ya entiendes, por qué digo que la cámara vive?


Una historia...
"Eso no es sentimentalismo. Es estupidez."
Tape.

Tres personajes, amigos en la prepa. Luego el baile. El tan anhelado baile de graduación. Después las drogas o la universidad (a vuestro gusto). ¡Que historia tan norteamericana! ¿No tienen más historias? ¿Es, acaso, que todos los gringos viven, piensan, y mueren, en colectivo?
- No es que no me guste la historia; es que estoy harto, de ver siempre lo mismo. Bueno. También estoy harto de mí mismo; y no hago nada para cambiar. Es inevitable. El miedo de penetrar en algo desconocido, en algo ajeno a nosotros. Nos hace retroceder, y quedarnos en el mismo punto; así lo odiemos.
Tranquilo, Juan, tranquilo. Es sólo una habitación, una cámara, y una historia. Nada más que eso. No existen pretensiones. Ni prejuicios. Es solo la película. Nada más.



Aqui encuentras el original
http://www.pulpmovies.org/resenas/tape.html

viernes, 23 de mayo de 2008

La isla. Kim Ki-Duk (Texto cinefilo)

Podría comenzar así: “Habitantes de islas separadas por abismos insondables” E. Sabato.

Y titularía: “Islas separadas, la ultima esperanza del suicida”.

Pero eso era antes, ahora imposible.

O puedo decir también: “Some people think only the happy momento of life is beautiful, but I think the tru beauty of life is the mixture of its destructiveness and passion along with its psychosomatic nature” Kim Ki-Duk

Y la llamaría: “Islas separadas por aguas frías”.

Pero no, porque esta cargado de esperanza, y la esperanza al igual que la suerte son para los bobos.

En definitiva el inicio es así: “No tenía más que bajar la cabeza y mirar al suelo bajo mis pies, delante de mis pies, porque en esa posición siempre he sacado fuerza para, como explicarlo, no lo sé, y ha sido de la tierra más que del cielo, dimensión sin embargo favorable, de donde me ha venido el socorro, en los momentos difíciles”. S. Beckett.

La belleza del estado salvaje y autodestructivo del hombre que esta en un extremo miserable.

El sentimiento general es el mismo al estar deprimido, de esas depresiones que quitan la energía y obligan a andar arrastrando los pies. Un sentimiento de perdedor. La Isla es una casa de pesca flotante (aquí, en Korea o Afganistán). Es la fatiga y el asco de todo. Yo ya no voy hasta allá (quizás nunca lo estuve), ya no me alcanzan las fuerzas. Porque es matarse siendo un perdedor, y eso, junto con el mal gusto no se perdona.

La extrema coherencia de la confusión. Es la simpatía con el confundido, con el perdido (aunque eso si se tuvo nunca se pierde, se pega como el olor a marihuana). Es llevar una cuchilla en la billetera. Es llorar mientras caminas a la universidad. Es montarse en un bus cualquiera y a cualquier parte mientras te tomas la botella de vino. Son las cuatro de la tarde mientras fumo porro y pienso un momento en mi mamá y luego la olvido por meses. Es algo triste pero no es la tristeza. ¿Si me entienden?

En La Isla se le respeta el espacio de respiro que hay entre silencio y silencio. La lentitud de la lentitud. ¡Y eso es mucho que decir! De todas formas incomoda, y eso gusta. Pero a mi lastimosamente me recuerda una tiempo de rebelión que no miraba a ninguna parte, que era presionante y ciega. Ahora simplemente estoy convencido de una frase Beckettiana: “Morir sin sufrir demasiado, un poco, eso si que vale la pena, cerrar uno mismo ante el cielo ciego los ojos vacíos, después rápido convertirse en carroña, para no confundir los cuervos”.

La Isla, una poderosa pintura de un par de desahuciados.

Juan Escobar.